RIESGOS DEL ALCOHOL AL CONDUCIR

Establecimiento y cumplimiento de los límites de alcoholemia

Riesgos del alcohol

Al igual que la velocidad, el consumo de alcohol aumenta la probabilidad de choques causantes de muerte o de traumatismos graves.

Es difícil establecer comparaciones por la gran variación que existe de un país a otro en los límites legales de alcoholemia impuestos y en su aplicación. No obstante, diversos estudios se han ocupado de examinar en qué medida se conduce bajo la influencia del alcohol. Un examen de las encuestas realizadas en los países de la Unión Europea [1] puso de relieve que entre el 1% y el 3% de los conductores, dependiendo del país, se hallaban bajo ese influjo. De diversas encuestas llevadas a cabo en Croacia se desprendió que más del 4% de los conductores conducían en estado de ebriedad [2]. Según un estudio efectuado en Ghana [3], la concentración de alcohol en la sangre de más del 7% de los conductores superaba 0,08 g/dl.

Mediante un análisis de estudios realizados en países de ingresos bajos y medianos se comprobó que entre el 33% y el 69% de los conductores fallecidos y entre el 8% y el 29% de los lesionados presentaban alcohol en la sangre [4]. Según es¬tudios efectuados en Sudáfrica [5], el alcohol fue el causante del 47% de los casos de fallecimiento del conductor y del 27% de los choques no mortales para los conductores; el 52% de las víctimas de traumatismos causados por el tránsito presentaban un exceso de alcohol [6]. Según un estudio realizado en Nueva Delhi (India) [7], un tercio de los motociclistas conducidos al hospital admitieron hallarse bajo la influencia del alcohol.

Los peatones también se exponen en mayor medida a ser víctimas de traumatismos causados por el trán¬sito cuando consumen alcohol en exceso. El examen de estudios realizados en Australia [8] mostró que la alcoholemia del 20% al 30% de los peatones muertos por causa del tránsito superaba 0,15 g/dl. De acuerdo con un estudio llevado a cabo en Sudáfrica [5] el alcohol estaba relacionado con más del 61% de las defunciones de peatones. En un estudio realizado recientemente en el Reino Unido [9] se llega a la conclusión de que el 48% de los  peatones que habían resultado víctimas mortales del tránsito habían bebido.

Límites de alcoholemia

En 1964, el estudio «Grand Rapids» [10] mostró que el riesgo de colisión aumentaba en función de la cantidad de alcohol consumida por los conductores, y proporcionó la base de 0,08 g/dl de alcoholemia aún aceptada como límite en muchos países. Estudios posteriores [11-13] han revelado que incluso niveles más bajos incrementaban el riesgo de choque (gráfico 1).

Actualmente, en Europa son corrientes límites máximos de concentración en la sangre de 0,05 g/dl para los adultos conductores de vehículos de cuatro ruedas. En los Estados Unidos, los estados fijan sus propios límites, que varían entre 0,08 y 0,10 g/dl. Un examen de la experiencia en 16 estados [14] puso de manifiesto que aquellos con los límites más bajos arrojaban un índice un 7% inferior de colisiones de vehículos relacionadas con el alcohol. El límite en Uganda se sitúa en 0,15 g/dl.

Muchos países europeos y numerosos estados de los Estados Unidos tienen fijado un límite de alcoholemia de 0,02 g/dl para los conductores jóvenes (generalmente menores de 21 años en los Estados Unidos) y para todos los motociclistas. Algunos establecieron el límite inferior para todos los conductores que acaban de obtener el permiso de conducción.

Gráfico 1: Riesgo relativo de implicación de un conductor en los choques notificados por la policía

 

El examen de los estudios publicados [14] ha puesto de relieve que unos límites entre 0 y 0,02 g/dl pueden reducir entre un 4% y un 24% la tasa de choques entre los jóvenes o los conductores principiantes.

Aplicación de los límites de alcoholemia y divulgación de la aplicación


Según investigaciones realizadas [15-17] para disuadir a las personas de que conduzcan bajo la influencia del alcohol, es bastante más eficaz que perciban el riesgo de verse sorprendidos en falta que la dureza de la sanción. Sin embargo, tanto dicha percepción como la probabilidad real son bajas en la mayoría de los países. Según un estudio reciente efectuado en Tailandia [18], más del 80% de los encuestados consideraron muy escasas las probabilidades de que la policía les parase para realizar una prueba de alcoholemia, aun cuando más del 90% coincidían en estimar beneficiosa la aplicación de los límites de concentración de alcohol en la sangre.

Los instrumentos más eficaces con miras al cumplimiento de los límites de alcoholemia son los dispositivos de análisis del aliento que proporcionan pruebas objetivas de la concentración de alcohol en la sangre. Aunque se utilizan en la mayoría de los países de ingresos altos, no es así en los países de ingresos medianos o bajos. En cualquier caso, el efecto disuasorio del análisis del aliento depende de las leyes que rigen su utilización [19]. Las atribuciones de la policía varían según las jurisdicciones. En algunas, la policía sólo está autorizada a parar a los conductores con signos palpables de embriaguez. En otras, se permite establecer puestos de control de sobriedad para hacer la prueba únicamente a aquellos de quien se sospecha que han bebido. En otras se permite parar al azar a los conductores y someter a todos ellos a las pruebas.

Con la realización generalizada de análisis aleatorios del aliento − al menos a uno de cada 10 conductores al año − se logran los índices más elevados de cumplimiento de las leyes que establecen los límites de alcoholemia. Estas pruebas deberían llevarse a cabo en momentos y lugares imprevisibles, de forma que los conductores no puedan evitarlas. Tres estados de Australia han reducido sus índices de defunción causada por el tránsito relacionado con el alcohol entre un 36% y un 42% gracias a la realización intensiva y aleatoria de análisis del aliento a un número de conductores que representaban entre el 33% y el 75% del total  [19].

Los mejores resultados en la reducción de la frecuencia de la conducción con un grado de alcohole¬mia superior a los límites legales se obtienen si además se difunden por los medios de comunicación campañas que contribuyan a que los ciudadanos sean más conscientes del riesgo de interceptación y consideren menos aceptable conducir después de haber consumido alcohol y más aceptable la aplicación de las normas [20].


En general, la aplicación de penas duras, como la encarcelación, pese a haberse intentado en va¬rios países de ingresos altos, según los estudios no han conseguido disuadir a los conductores de beber antes de ponerse ante el volante (205). Más eficaces son las sanciones rápidas y algunas como la inhabilitación para conducir después de haber obtenido un resultado positivo en un análisis de aliento o haberse negado a someterse a una prueba [21] También ha quedado demostrado que obligando a los infractores de alto riesgo (aquellos con un grado de alcoholemia superior a 0,15g/dl) a seguir cursos de rehabilitación para conductores puede reducir el índice de reincidencia [1,22]

EXTRAIDO DE: Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito. Organización Mundial de la Salud, Ginebra.2004


Bibliografía

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3. Mock CN, Asiamah G, Amegashie J. A random, road¬side breathalyzer survey of alcohol impaired driv¬ers in Ghana. Journal of Crash Prevention and Injury Control, 2001, 2:193–202.
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21.  Ross HL. Punishment as a factor in preventing alco¬hol-related accidents. Addiction, 1993, 88:997–1002.
22. Wells-Parker E et al. Final results from a meta-analy¬sis of remedial interventions with drink/drive of¬fenders. Addiction, 1995, 90:907−926.

 Editado por Juan Edo. Martínez